25 de marzo de 2019

84. La maternidad


Aunque en las diferentes especies animales el lapso varía, para la humanidad hay un tiempo promedio de nueve meses para prepararse antes de traer a un nuevo ser al mundo. La maternidad podría ser un instinto de protección hacia este nuevo ser, pero en la mayoría de los hogares se reduce esta maternidad al círculo de las mujeres.

         Con frecuencia pienso que se ha sobrevalorado y desvirtuado la maternidad a tal grado que el sufrimiento se torna un sacrificio de amor que después se echa en cara cuando uno aprende a volar y abandona el nido. Manipulación. Chantaje. Relaciones de doble vínculo que también ejercen la violencia.
         Muchos de los feminismos de hoy pugnan en sus discursos por una paternidad responsable sin advertir que en esa cosmovisión se perpetúa la paternidad para el hombre y la maternidad para la mujer, lo que explica en cierta forma la exclusión de otros modelos de familia donde paternidad y maternidad se disuelven para crear otros esquemas de organización.
         Ejemplos de esta disolución de estereotipos hay muchos en la naturaleza, en las diferentes especies animales cuya existencia también debería ser un objeto de estudio para la sociología. Tal vez la propia naturaleza nos está dando las respuestas y nuestros propios prejuicios nos ciegan frente a esas verdades que se nos presentan.
         La maternidad debería ser una elección y la procreación, un ritual de mutuo consentimiento, no un acto necesario y obligatorio porque así lo dicta una doctrina. Por seguir estos preceptos (muchos tan anacrónicos y obsoletos para la realidad en la que vivimos) nos hemos acabado el mundo, con una sobrepoblación que ha explotado sus recursos y vendrán los años de carencia y muerte.
         La maternidad es una vuelta de tuerca en la rueda de la vida. Podemos tomar ese camino o continuar nuestro trayecto, independientemente del destino. Pero me niego a asumir una maternidad por imposición, por llenar este vacío, por esta sensación de incompletud que aún no sé determinar si es impuesta o propia.
         He vivido lo que puedo soportar. Elegí renunciar a la maternidad, como he renunciado a tantas cosas que se esperan para mi sexo. Mi no-existencia es mi prioridad. Si yo no encuentro una explicación para mi propia existencia, ¿cómo espero traer al mundo a un nuevo ser, aun en contra de su voluntad?
         Crecí en un entorno donde la maternidad falló. Sola vine y sola me iré. Las huellas que queden en este mundo en algún punto se volverán silencio.

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