1 de marzo de 2017

La recaída

Ana despierta después de un letargo de apenas unos meses. Llevo días sintiendo cómo se apodera nuevamente de esta anatomía que se ha dejado llevar por la locura. Su voz apenas es un susurro, pero evoca viejas memorias que duelen demasiado para ser escritas por este medio. No sé si tengo voluntad para resistir otro embate. Esto de las recaídas es tan complicado.

6 de julio de 2016

Se acaban los latidos


Algo dentro de mí crujió en el silencio que me habita. Era la vida condenada a los lindes de la sombra, recluida en una boca cosida con cabellos porque ¿qué se dice en estas circunstancias? Y, sin embargo, la vida se agota, gota a gota, sin fuerza para detener su escape. Sí: escapa de mí y no me queda voluntad para contenerla.

4 de julio de 2016

La vida en el silencio


Después de tanto tiempo de vivir con Ana llega un punto en el que pierdes la capacidad de sentir emociones más allá del rencor, el resentimiento, la amargura y una sensación de vacío que no tiene par. Tu rostro se vuelve inexpresivo, aunque la ausencia de sonrisa es interpretada por “los otros” como el reflejo de un aparente enojo. Ya lo he dicho en ocasiones anteriores: el mundo no sabe lidiar con el dolor ajeno.

14 de junio de 2016

“Aprende a dudar de una persona con TCA”


Este blog se ha convertido en una cosa rara. Una mezcla de tantas cosas que a menudo desconozco sobre qué debo escribir. Sin embargo, creo que la idea general es dar un panorama de lo que vive aquí dentro, en silencio, lo que ocurre con una persona que “vive” con un trastorno de conducta alimenticia (TCA). Quizás mis palabras den un poco de luz a quienes tienen entre sus amistades a alguien que pase por la misma circunstancia.
         Hoy me encuentro en mi escritorio, como usualmente hago. La diferencia es que el alcohol me vuelve más sincero que de costumbre, a tal grado que he perdido algunas amistades por exceso de franqueza. Y, sin embargo, en este instante ha dejado de importarme la opinión de los demás. Hoy me sé vulnerable, de nuevo en esa gruta en la que habita la voz de Ana y su terrible condena: “no eres suficiente”.
         Podría decir que nadie debería creer cuando digo que estoy bien. La realidad es que nunca es así, ocurre siempre todo lo contrario cuando se trata de mí. Si digo “no hay problema”, en realidad por dentro las venas se dejan vaciar y están dispuestas a ceder a esa manía de abandonarme al eco.

14 de mayo de 2015

El umbral de la partida

Por unos meses huí de la sombra en el espejo. Ahora retorno, quizás de forma definitiva. Ahora entiendo mejor esto que ocurre dentro. Es parte de mí, de las palabras vaciadas en la escritura. Sin mí (sin Ana) no existirían.
         Me permití el pecado, el abandono hacia el instinto, la entrega dolorosa a un acto demasiado humano. ¿Me arrepiento? Sí, tal vez más de lo que pueda expresar con palabras. La culpa pesa demasiado, a costa del silencio, de este escape de mí, de mi monstruo en el espejo.
         En mi vergüenza, me repito: “no volverá a pasar”. Y será una amarga letanía, tan persistente como la voz de Ana y su condena: “no eres suficiente”. Sin embargo, ahora, en este instante, entiendo por qué me dejé llevar (entonces) por la voz de Ana.
         Por un momento creí que existía la posibilidad de recuperación. ¿Fui feliz? Tal vez, en algún instante indefinido, pero en el fondo la voz de Ana seguía gritando, olvidada en los escombros de mi sombra, advirtiéndome de lo que ocurriría. Hoy veo con pesar las consecuencias.
         Así pues, ¿cómo retomar la senda?, ¿cómo volver sobre los pasos?, ¿cómo asumir una nueva rutina? Me siento como un atleta que ha perdido condición. No obstante, me niego a creer que la lucha está perdida. Si algo aprendí de Ana fue el valor de la fortaleza, la perseverancia, la disciplina.
         En estos meses hubo quienes me dieron un gran ejemplo de esta disciplina. Sé que hoy ya no están “aquí”, pero no es tristeza lo que siento; es orgullo. Finalmente lo lograron gracias a esa férrea disciplina. Es algo que nos caracteriza a las personas obsesivas compulsivas. Y cada día hay un nuevo límite.

         Por eso, mi nuevo límite ya está fijado. 19 de diciembre. Así pensé entonces. Así pienso ahora. Así sea.

16 de marzo de 2015

Llegar a ser tampoco es suficiente

No fui suficiente. En todos estos años no he sido suficiente. Y de noche, cuando se escucha el rumor de lo que fue el día, mi mente aún se pregunta si alguna vez seré suficiente. Pienso en todas las posibilidades, reales y ficticias, para “llegar a ser”. Así vivo mi insomnio.

8 de marzo de 2015

Crisálida escritura

Me permito el silencio para decorarlo con palabras. Y me dejo la piel en la escritura. Yo soy “esto”, “aquí”, “debajo”, lo que late entre las venas que hacen eco. Soy el remanente de una voz que, insistente, me repite “no eres suficiente”. Uno se quiebra en los peñascos de la duda; observa, cuestiona, vuelve a analizar y entreteje las palabras de tal forma que el entramado sea un fiel reflejo del paisaje interior.