3 de mayo de 2019

123. El exilio


Hace unos años vi un filme que me puso a reflexionar sobre el exilio. Se titulaba “The Witch”, escrita y dirigida por Robert Eggers. Narra la historia de una familia en una colonia inglesa que se ve exiliada por motivos que no se revelan claramente, aunque se sugiere una violación a las reglas protestantes de la comunidad en la que habitan.

         Más allá del toque sobrenatural y oscuro de la película, su exilio me lleva a pensar en la impotencia de una familia que no pertenece a ningún lugar, que fue separada de la comunidad donde vivía, en la que había estrechado lazos con otras personas y de pronto no tiene a quién acudir ante alguna eventualidad.
         Otro filme que me ha recordado esta idea de exilio es “Mother!”, escrita y dirigida por Darren Aronofsky y que en cierta forma es una metáfora del exilio de la humanidad por el llamado “pecado original”, metáfora que esconde una crítica a la victimización de quienes llegamos a considerar víctimas sin tomar en cuenta el exilio como consecuencia de una violación a una norma vigente al momento del exilio.
         Pensemos en los exiliados políticos (me viene a la mente Julian Assange). Independientemente de la figura de la que se trate, se repite el mismo esquema de ser separado del lugar donde se formó una vida, pero todo a consecuencia de una violación a una norma vigente al momento del exilio.
         Circunstancia difícil si recordamos a los refugiados políticos, los que huyen de alguna situación en sus lugares de origen y explican en gran parte el fenómeno global de la migración. ¿Cómo no pensar en “Mi tierra” de Gloria Estefan, exiliada de Cuba durante tantos años y en cuya letra evoca esa añoranza de la tierra que le vio nacer?
         Este nombre que hoy escribe también vive en el exilio: de la existencia de la vida, del mundo conocido bajo la lógica matemática que rige a la humanidad. Mi nombre es polvo, habla grafías de silencio que no caben en tablillas de arcilla, es ceniza convertida en tiempo que al cabo de las palabras tornará a la Nada.
         La vida en el exilio, cuando aborreces la existencia, es ver que te arrebatan un sentido de pertenencia e identidad que podrían conforman los cimientos para aceptar esa vida y esa existencia a la que se renuncian. Morir en exilio, cuando se ha perdido el vínculo de identidad y pertenencia con la tierra que te vio nacer, es abrirse a la No-Existencia mucho antes de dejar la existencia.
         La vida es un silencio que cohabita en el exilio con las experiencias acumuladas en este recipiente llamado cuerpo. Pero al final de todo, cuando suceda lo que ha de suceder, incluso el nombre se volverá silencio.

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