Hay quienes piensan que en la
ruta del progreso y desarrollo se encuentra el bienestar. Yo soy más de la idea
de que los tiempos modernos, bajo esa visión, se han tornado decadentes y cada
vez más deshumanizados.
Vivimos
en una cultura que clasifica a partir de la capacidad de consumo y lo que
reditúa a las grandes empresas, incluso los aparentes actos de altruismo, y son
acciones legitimadas por las leyes de los países llamados “desarrollados”, “en
desarrollo” o “subdesarrollados”.
La
prosperidad económica de una nación no necesariamente se traduce en un
bienestar para todos. Ya hemos visto ejemplos, como Brasil, que llegó a
convertirse en una de las principales potencias económicas en el mundo y, sin
embargo, durante ese periodo se acentuó la brecha de desigualdad entre su
población.
Luego
vemos a los grandes corporativos que crean fundaciones o asociaciones para
trabajar de manera altruista, aunque solo en apariencia, pues se trata de
fortalecer una imagen positiva de una empresa que, por otra parte, genera
muchos daños a la población y refuerza las brechas de desigualdad.
La
decadencia, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,
implica “ir a menos, perder alguna parte de las condiciones o propiedades que
constituían su fuerza, bondad, importancia o valor”.
Algo
ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial que varias naciones llegaron a unirse
en torno a un objetivo común de beneficio para la humanidad. Ese algo parece
que se perdió en el periodo de post-guerra, una época en la que se reforzó un
sistema económico que acentuó las brechas de desigualdad conforme se avanzaba
hacia la llamada “prosperidad económica”.
Los
tiempos actuales, insisto, son decadentes. Se ha perdido empatía y, sin embargo,
el gran mal de este siglo es la depresión, una enfermedad mental que contrasta
con las nuevas ideas sobre la felicidad, dependientes de una prosperidad económica
que deja de lado el bienestar mental y emocional.
Son
tiempos en los que se han extendido el odio y la violencia, una época de
fundamentalismos que dividen a la humanidad. Se realizan marchas y
manifestaciones alrededor del mundo para mostrar el rechazo a ese odio y esa
violencia generalizadas y que tanto han lastimado a las sociedades, pero no
tienen eco, nadie escucha las demandas, los reclamos no tienen respuesta.
¿Qué
le espera a este mundo en decadencia? Llegar a un grado de deshumanización
donde los derechos humanos se conviertan en letra muerta. Porque el poder económico
parece tener mayor importancia que cualquier derecho humano.
Ojalá
me equivoque.
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