8 de marzo de 2018

“En los umbrales del silencio”


Amo el silencio que hay entre las cinco y las seis de la mañana. Es un espacio neutro que me permite escuchar esto que ocurre dentro con más detenimiento. A menudo en la vida cotidiana la voz de Ana y su espectro de muerte embotan los sentidos y estos se atrofian con el ruido del día a día. Pero escuchar demasiado en el silencio puede llevarnos a embelesarnos con la locura.

5 de marzo de 2018

“Suficiente o demasiado”


Decir que no se está bien debería ser tan fácil como tramitar la licencia de manejo, pero la verdad es que la felicidad está sobrevalorada y en este mundo de “individualidades” no hay mucho de dónde escoger para confesarte. Uno termina por tragarse los sentimientos negativos y dejar que crezcan en el terreno fértil que representa la anorexia.

19 de febrero de 2018

“Sentimientos carroñeros”


Cada cierto tiempo el monstruo en el espejo logra romper sus amarras y aparece a medio reflejo. Sonríe. Sabe que una crisis se aproxima y podrá mostrarse tal cual es ante los ojos del mundo. El problema es que nadie está preparado para la crueldad de los monstruos ajenos. Y aunque uno entienda su lenguaje, no somos capaces de traducir los signos a los otros.

30 de octubre de 2017

Una larga espera

Los meses pasan y a pesar de mi renuencia, vuelvo a este espacio donde puedo dar orden a mi locura para entender un poco de lo que ocurre dentro. La voz de Ana persiste y poco a poco me acerco al umbral de una recaída. Otra. Una más en la cuenta de la vida. Es curioso cómo Ana de forma paulatina va erigiendo un cerco que aparta a los demás y me sume en el silencio nuevamente. Pero hablamos de la palabra hablada. Ana a menudo olvida que me he valido de la palabra escrita para no caer en picada.

1 de marzo de 2017

La recaída

Ana despierta después de un letargo de apenas unos meses. Llevo días sintiendo cómo se apodera nuevamente de esta anatomía que se ha dejado llevar por la locura. Su voz apenas es un susurro, pero evoca viejas memorias que duelen demasiado para ser escritas por este medio. No sé si tengo voluntad para resistir otro embate. Esto de las recaídas es tan complicado.

6 de julio de 2016

Se acaban los latidos


Algo dentro de mí crujió en el silencio que me habita. Era la vida condenada a los lindes de la sombra, recluida en una boca cosida con cabellos porque ¿qué se dice en estas circunstancias? Y, sin embargo, la vida se agota, gota a gota, sin fuerza para detener su escape. Sí: escapa de mí y no me queda voluntad para contenerla.

4 de julio de 2016

La vida en el silencio


Después de tanto tiempo de vivir con Ana llega un punto en el que pierdes la capacidad de sentir emociones más allá del rencor, el resentimiento, la amargura y una sensación de vacío que no tiene par. Tu rostro se vuelve inexpresivo, aunque la ausencia de sonrisa es interpretada por “los otros” como el reflejo de un aparente enojo. Ya lo he dicho en ocasiones anteriores: el mundo no sabe lidiar con el dolor ajeno.